Es como es. O como era de
esperar, al menos eso se podía percibir
que pasaría. Las cosas cambian, si. Pero las personas no. La gente no cambia, en
algún punto se adapta y se renueva. Pero no cambia. Hace un tiempo, lo sabía,
lo sentía, presentía que esto iba a pasar. Que estaría escribiendo estas líneas
de nostalgia y de desaliento. Porque eso siento, porque así me siento. Cansada,
molesta, fastidiosa. Me hubiera gustado/me gustaría que no fuera así, pero
supongo que definitivamente es y será así. Llegue hasta donde pude, aguante
hasta que no aguante más, y espere hasta que se hizo tarde (como ahora). Estaría
mintiendo si dijera que no me equivoque varias veces, porque realmente lo hice
y mucho me sirvió para seguir. Pero puedo decirte que intente todo lo que pude para
que las cosas no se dieran así. Me encontré en una situación difícil, tratando
de apaciguar ambos lados y llego un momento en que me di cuenta que no recibí
nada del otro lado, no te digo lo mismo o algo diferente (cosa muy común en
esta vida), estoy hablando de ninguna señal, ni un mensaje, ni una preocupación,
ni una intención y no por el simple compromiso. Creo que eso fue lo que más me dolió.
Yo también tengo cosas por hacer, obligaciones, actividades, problemas y demás preocupaciones,
pero nunca faltó mi mensaje, mi predisposición. Y ya sinceramente, lo que pase,
lo que no pase, lo que piensen o dejen de pensar me chupa un huevo, como en su
momento les chupó.
Me gusta pensar que en el mundo habitan más buenas personas que malas. Tal vez me equivoque y las estadísticas digan lo contrario. Pero qué más da, yo no hago estadísticas y a mí me gusta pensar que las buenas personas son multitud. A veces, como argentina se me hace difícil porque nosotros estamos acostumbrados a mirar al otro con cierta prudencia, desconfianza y porque prejuzgar ya es deporte (me incluyo, obvio). Quizás, a causa de los hechos de inseguridad que vivimos a diario, de la agresividad con la que afrontamos cualquier situación y la falta de tolerancia hacia el otro. Quizás, porque nos cansamos de que nos tomen de tontos. Nos acostumbramos a dudar de todo, de todos. Y no digo que este mal dudar, pero llegamos al punto de pensarnos mal, lo que lleva a creer que el otro es malo, no importa la situación que sea y que algo malo nos viene a hacer. Sin embargo, hace poco alguien me dijo: “A veces los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos”. Estoy de acuerdo. Por e...
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