“Pensé en escribirte acerca de
los besos que nos faltaron por darnos, acerca de las promesas que todavía nos
debemos, acerca de las canciones que faltan por dedicarnos. Quería escribirte
acerca del amor. Pero siempre terminaba ganándome la rabia, el orgullo, el
enojo de que fueras tan imbécil, de que no te dieras cuenta de lo mucho que te
quiero. Entonces te escribía cartas de olvido, aunque en el fondo olvidarte no
era lo que más quería.”
Me gusta pensar que en el mundo habitan más buenas personas que malas. Tal vez me equivoque y las estadísticas digan lo contrario. Pero qué más da, yo no hago estadísticas y a mí me gusta pensar que las buenas personas son multitud. A veces, como argentina se me hace difícil porque nosotros estamos acostumbrados a mirar al otro con cierta prudencia, desconfianza y porque prejuzgar ya es deporte (me incluyo, obvio). Quizás, a causa de los hechos de inseguridad que vivimos a diario, de la agresividad con la que afrontamos cualquier situación y la falta de tolerancia hacia el otro. Quizás, porque nos cansamos de que nos tomen de tontos. Nos acostumbramos a dudar de todo, de todos. Y no digo que este mal dudar, pero llegamos al punto de pensarnos mal, lo que lleva a creer que el otro es malo, no importa la situación que sea y que algo malo nos viene a hacer. Sin embargo, hace poco alguien me dijo: “A veces los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos”. Estoy de acuerdo. Por e...
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