Por eso
es tan importante dejar que ciertas cosas se vayan. Soltar. Desprenderse. La
gente tiene que entender que nadie esta jugando con cartas marcadas, a veces
ganamos y a veces perdemos. No esperes que te devuelvan algo, no esperes que
reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor. Cerrando
ciclos. No por orgullo, por incapacidad o por soberbia, sino porque simplemente
aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la
casa, sacude el polvo. Deja de ser quieras y transfórmate en quien eres.
Me gusta pensar que en el mundo habitan más buenas personas que malas. Tal vez me equivoque y las estadísticas digan lo contrario. Pero qué más da, yo no hago estadísticas y a mí me gusta pensar que las buenas personas son multitud. A veces, como argentina se me hace difícil porque nosotros estamos acostumbrados a mirar al otro con cierta prudencia, desconfianza y porque prejuzgar ya es deporte (me incluyo, obvio). Quizás, a causa de los hechos de inseguridad que vivimos a diario, de la agresividad con la que afrontamos cualquier situación y la falta de tolerancia hacia el otro. Quizás, porque nos cansamos de que nos tomen de tontos. Nos acostumbramos a dudar de todo, de todos. Y no digo que este mal dudar, pero llegamos al punto de pensarnos mal, lo que lleva a creer que el otro es malo, no importa la situación que sea y que algo malo nos viene a hacer. Sin embargo, hace poco alguien me dijo: “A veces los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos”. Estoy de acuerdo. Por e...
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