Una tarde
cualquiera de Noviembre. Una temperatura de 37 grados. La vuelta a casa como
una escena de todos los días. Iba en el
colectivo con mis auriculares, no recuerdo la canción que se reproducía. Si recuerdo que fue lo que me llevo a perder
registro de esa melodía: fueron ellas. Me detuve unos minutos para observar sus
rostros. Fueron ellas resguardando un día largo, quizá de trabajo, de un viaje
en vano o de un paseo extraordinario, de alguna anécdota para recordar o
simplemente un día para olvidar. Ojos cerrados, flujo de aromas, brazos caídos,
sonrisas escondidas, miradas misteriosas, ropas que llevan días, zapatos
cansados de caminar, dolores que no se van, historias abrumadoras, exquisitas,
interesantes, atractivas, sensacionales y otras espeluznantes se escondían detrás
de esos tejidos. Éramos varias, no podría detallar con exactitud pero bastaría
con saber que eran suficientes como para llamar mi observación. No me preguntes porque te cuento esto, pero
eso me paso, me inquietó. Fueron apenas unos 5 minutos de viaje que bastaron
para volar sobre mas allá e imaginarme un mundo de historias en cada una de
ellas, porque seguro no acerté con ninguna (o quizá en algo así) pero que tenían
historia te lo aseguro. Una sola cosa sí era cierta, todos teniamos un destino al que llegar.
Me gusta pensar que en el mundo habitan más buenas personas que malas. Tal vez me equivoque y las estadísticas digan lo contrario. Pero qué más da, yo no hago estadísticas y a mí me gusta pensar que las buenas personas son multitud. A veces, como argentina se me hace difícil porque nosotros estamos acostumbrados a mirar al otro con cierta prudencia, desconfianza y porque prejuzgar ya es deporte (me incluyo, obvio). Quizás, a causa de los hechos de inseguridad que vivimos a diario, de la agresividad con la que afrontamos cualquier situación y la falta de tolerancia hacia el otro. Quizás, porque nos cansamos de que nos tomen de tontos. Nos acostumbramos a dudar de todo, de todos. Y no digo que este mal dudar, pero llegamos al punto de pensarnos mal, lo que lleva a creer que el otro es malo, no importa la situación que sea y que algo malo nos viene a hacer. Sin embargo, hace poco alguien me dijo: “A veces los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos”. Estoy de acuerdo. Por e...
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