Y ya estamos a Junio. Mitad
de un año que en mi lugar empezó como quien dice: “mejor imposible” y después la
pendiente hacia el momento mas insoportable e interminable para un deportista:
la lesión. Es que a veces deliro con ganas de ir al psicólogo para contarle
como influye en mi vida el palo y la bocha. Después caigo de patética que quedaría
y se me pasa. Aunque todavía sigo en la lucha. Cuando deportivamente estoy mal,
instantáneamente todo lo demás, no importa el estado, esta mal. Y lo que esta
mal es pensar que ese “demás” este mal. Porque se que no es asi, pero no lo
puedo manejar. Y es un desafío diario que tengo, así como el de querer ser
mejor que ayer. Paciencia.
Me gusta pensar que en el mundo habitan más buenas personas que malas. Tal vez me equivoque y las estadísticas digan lo contrario. Pero qué más da, yo no hago estadísticas y a mí me gusta pensar que las buenas personas son multitud. A veces, como argentina se me hace difícil porque nosotros estamos acostumbrados a mirar al otro con cierta prudencia, desconfianza y porque prejuzgar ya es deporte (me incluyo, obvio). Quizás, a causa de los hechos de inseguridad que vivimos a diario, de la agresividad con la que afrontamos cualquier situación y la falta de tolerancia hacia el otro. Quizás, porque nos cansamos de que nos tomen de tontos. Nos acostumbramos a dudar de todo, de todos. Y no digo que este mal dudar, pero llegamos al punto de pensarnos mal, lo que lleva a creer que el otro es malo, no importa la situación que sea y que algo malo nos viene a hacer. Sin embargo, hace poco alguien me dijo: “A veces los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos”. Estoy de acuerdo. Por e...
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